martes, 9 de diciembre de 2014

ARTE Y POLÍTICA

Se encontraron en un bus dos personas que no se conocían antes. Iban ambos a Santiago, el viaje sería largo, debían entretenerse de alguna forma así que sacaron de sus bolsos, al mismo tiempo, un libro para leer. Era exactamente el mismo: El principito. Se miraron, vieron al otro sosteniendo en sus manos impávidas de consternación su libro favorito. Conversaron. Conversaron durante casi todo el trayecto, del Principito, de otros libros, de su afición obstinada a la lectura, de sus vidas. De pronto, uno de los hombres le dijo al otro:

—Soy escritor.

—¡Miren qué bien! —exclamó el otro— Yo también soy artista.

—¿Sí? ¿A qué se dedica?

—Cultivo el arte de la política.

—Eso no es arte. Lo que el arte une, la política divide.

—Eso no es cierto, la política une a un país completo.

—Mire usted, yo soy miembro del partido comunista, ¿es usted militante de algún partido de derecha?

El otro hombre calló. Y siguió callándose hasta que llegó el momento de bajarse del bus. Entonces, le dijo al escritor:

—Ya no me gusta el Principito.


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