domingo, 18 de mayo de 2014

No Consentido

Tenía recién dieciséis años
cuando la retuvo el extraño.
Solitaria en un cuarto cegado,
tiritaba de frío y espanto.

El desconocido volvió agitado
con su semblante de degenerado
anunciando sus deseos putrefactos
y sin consentimiento comenzó el acto.

Tapándole la boca con las manos
fue arrancándole los paños.
Ella, sin poder aguantar el llanto,
tiritaba con un violento espasmo.

Como pudo dio puñetazos,
esputos, insultos, manotazos.
Su heroísmo fue recompensado
con un imponente bofetazo.

Desnuda, con un diente en la mano,
fue agarrada por los brazos.
Se estremeció con los lengüetazos
y el mordisco en su cuerpo delgado.

Estaba en el piso lloriqueando,
con sus ojos cerrados,
asustada, por su vida rogando,
cuando sintió aquél dolor de infarto.

En su entrepierna un inmenso daño
le hacía dar gritos desaforados
al sentir cómo se iba quebrando
en medio de un tibio y escarlata charco.

Sus intestinos lacerados
pedían el fin de sus sobresaltos
con suplicios inaguantables, afilados,
un infierno en su vientre bajo.

Un precoz y desagradable orgasmo
le dio unos minutos de descanso
mientras él, sin cuidado,
sus extremidades iba amarrando.

En repetidos y amargos asaltos
ella hacía florecer el desencanto,
un miedo sin final, un no-orgasmo,
un desgarrador odio hacia el extraño.

Todo su futuro se iba aplastando 
bajo el peso del semen acumulado
y su alma se estaba marchitando
como cualquier corazón violado.















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