miércoles, 3 de septiembre de 2014

Aventuras semánticas



El Valor, palabrón masculino por excelencia, recorría sin miedo los barrios léxicos de su ciudad: Diccionario. Sin embargo, en reiteradas lecturas por las calles blancuzcas de papel, una idea se había instalado con firmeza en su subconsciente: lo masculino es bueno y lo femenino es malo.
En efecto, sus amigos, llamados Ascetismo, Amparo, Cariño, Emprendimiento, Compañerismo, Aguante, Espíritu, Silencio, Alma, Entusiasmo, Bien, Apoyo, Bienestar, Ímpetu, Amor, Coraje, Ahínco, Consuelo, Descanso y Arrepentimiento le daban la razón, al encontrar en lo masculino múltiples valores buenos. En cambio, una breve repasada por las féminas que marchaban por la pasarela de las definiciones le inclinaban su mirada prejuiciosa. Contenían muchas de las palabras más terribles de la humanidad: Enfermedad, Pobreza, Contaminación, Crueldad, Anarquía, Destrucción, Guerras, Discriminación, Cesantía, Desigualdad, Ignorancia, Barbarie, Corrupción, Soledad, Derrota, Cobardía y Muerte. Además, los siete pecados capitales empezaban con un “la”: la Pereza, la Gula, la Lujuria, la Avaricia, la Ira, la Envidia y la Soberbia. Algunas palabras eran muy comunes y formaban parte del uso cotidiano: Carencia, Penas, Nostalgia, Omnipotencia, Abyección, Obstinación, Desgracia, Infelicidad, Pasividad, Extravagancia, Insensibilidad, Adicción, Congoja, Adversidad, Ambición, Estupidez, Agonía, Traición, Censura, Vejez, Decrepitud, Angustia y Basura.
Por sobre todas, Valor odiaba a una mulata llamada Diversidad. Ella se juntaba con agrupaciones de palabras (también llamadas frases) muy extrañas. Era presidenta de “Diversidad Sexual”, pero participaba también en “No a la Discriminación de Género”,  “Detengamos el Racismo”, “Sí a la Tolerancia Religiosa”, “Apoyo al Adulto Mayor y al Infante” (fue una sorpresa encontrar a un amigo suyo presidiendo esta agrupación), “Alto a la Diferenciación Socio-Económica” y era secretaria en “Respeto por la Diversidad Cultural”.    
El Respeto, ese es un chaval que Valor no había conocido nunca antes. Debía ser nuevo, pero por juntarse con Diversidad, no podía ser un buen ejemplo. Sin embargo, reunió todo su coraje y fue a conversar con él. Respeto estaba dialogando con “Cultura Aborigen” cuando vislumbró a Valor. Sin saber qué hacer ante tamaño vocablo, lo invitó a tomar una sopa de letras. Escuchó en silencio a Valor hablando sobre valores y cómo todos son masculinos, por lo que debía alejarse de la perniciosa influencia de Diversidad, hasta que no aguantó tanto orgullo machista y lo interrumpió. Se atrevió a contrariarlo: una de las riquezas de la humanidad es su diversidad, que se manifestaba, en primer lugar, en la multiplicidad de lo bueno y lo malo, de lo inaudito y lo conocido, de lo femenino y lo masculino. No podía ser todo lo masculino bueno y lo femenino malo. Por esta razón, invitó a Valor a dar un recorrido por la ciudad.
Valor no pudo negarse; simplemente aceptó el desafío como una aventurada empresa, difícil y complicada, pero a la altura de sus cualidades. Entraron en el sector femenino del diccionario, y ahí encontraron a Generosidad y Amabilidad, quienes aceptaron gustosas acompañarlos en el recorrido. Le presentaron a Ternura, se deleitaron con Pureza, le mostraron la prestancia de Agilidad, Eficiencia y Gracia. Valor quedó embobado al conocer a Gallardía. Tenacidad, Lealtad, Belleza, Elegancia, Naturalidad, Armonía, Inteligencia, Astucia y Autenticidad se preparaban desde pequeñas a recibir a los más altos valores masculinos como sus esposos. Riqueza y Aptitud aparecieron lejanas, deseados por todos los hombres, mientras que Fiesta, Vacaciones, Celebridad y Fama montaban un alegre carnaval de buenas intenciones. Castidad estaba en un retiro, alejada de toda mala influencia y Ciencia se afanaba en resolver las miserias de la humanidad.
Luego llegaron donde Caridad, Curiosidad, Determinación, Amistad, Tolerancia, Bondad, Beatitud, Calma, Compañía, Concordia, Paz y Confianza, quienes se aprestaban a ir, junto a Ayuda, a los barrios más miserables del lado masculino de la ciudad. Valor se espantó al ver en un lamentable estado a Orgullo, Arrepentimiento, Temor, Cansancio, Absurdo, Adulterio, Enojo, Alboroto, Derroche, Percance, Hambre, Fuego, Déficit, Tormento, Caos, Robo, Concubinato, Contrabando, Delito, Aburrimiento, Defecto, Alcoholismo, Desastre y Racismo. Sin embargo, se quedó mudo cuando Respeto le dijo, para tranquilizarlo: “No debemos juzgarlos como buenos y malos, tan sólo debemos aceptarlos como diferentes, en toda la diversidad del ser humano”.
En el camino de vuelta a casa, Valor no lograba calmar su asombro. Luego sintió vergüenza de sí mismo cuando comprendió que quizás había permanecido demasiado tiempo acosado por el miedo a Diversidad, discriminando los vocablos femeninos sin razón alguna, sólo porque eran femeninas, diferentes a él, que era masculino. En el zaguán de una magnífica mansión dos ancianas, amigas de toda la vida, lo saludaron con orgullo: eran Masculinidad y Feminidad. Sólo entonces Valor cayó en la cuenta que ambas palabras eran femeninas, y por tanto, era absurda cualquier diferenciación por género.

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