viernes, 24 de enero de 2014

Sale caro robar besos


-Te tengo un regalo-
Le dije, con el corazón en la mano
-Pero, para poder entregarlo,
debes tener los ojos cerrados-.

Ella me hizo caso.
Yo, nervioso y sin cuidado,
lentamente me iba acercando
hasta que nuestros labios se rozaron
por un tiempo escaso.


-¿Me has robado?
-Me respondió- descarado,
ahora pagarás por tus pecados-.

Yo, feliz y asustado,
en silencio me había quedado.

Ella, hablando como abogado,
me condeno a mil abrazos
y un beso apasionado.

Resistí como fiero soldado,
pero la partida ya me habían ganado:
me aprisionó con sus brazos
y me ganó con sus encantos.

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