martes, 21 de octubre de 2014

Andrea


Andrea es una prostituta.
Su cara de sol deslumbra a través de un par de montañas
Y me mira como preguntándome:
¿Por qué tus manos hacen temblar mis valles?
¿Por qué haces discurrir veloces ríos de pasión?
¿Por qué derrites mi corazón glacial?
¿Por qué tus labios queman mi piel,
Recorriéndola al compás de mis suspiros delirantes?

Andrea es una prostituta.
Duerme en el cuerpo de una muchacha tímida.
Despierta sólo en contadas ocasiones.
Es tan voluble que en un minuto se niega rotundamente
Y al siguiente me dice "tienes una buena pluma
que entra en mí más fuerte que todas las palabras del mundo".
Sonríe maliciosamente la muy voraz,
Consumiendo todas mis energías,
Yéndose tan repentinamente como llegó.

(Sin embargo, antes de irse sin despedirse me susurró en el oído este poema).









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