miércoles, 26 de febrero de 2014

Alejándome

Estás lejos, muy lejos, ya no sé cómo te ves, ya no sé lo que sientes, lo que haces, lo que piensas al despertar, en quién piensas, por quién suspiras. Pero para mí, sigues siendo como esa primavera cálida, agradable, brillante, emocionante, sensible. Sigues siendo, sigues siéndolo eternamente. Me persigues, vives en mis recuerdos. Y ya no quiero más.

Corro, corro lejos, rápido, cada vez más rápido, llego a los lugares más apartados de la tierra, llego a otros sitios donde tu recuerdo no se hace presente, pero me persigues, me persigues incansablemente, aunque no me hables, siento tu voz ahí, aunque no te acuerdes de mí, yo siempre recuerdo esas sonrisas que me volvían loco.

Me alejo, camino, lloro, viajo, me encierro. ¿Qué más puedo hacer para alejarme de ti?

Pateo una piedra, lejos, lo más lejos que puedo, con todas mis fuerzas. Y esa piedra eres tú, y desapareces de mi vista, y soy un tonto, porque en mi camino siempre te vuelvo a encontrar, y soy un tonto por volver a lanzarte lejos y volver a encontrarte, y soy un idiota porque siempre serás esa piedra en mi camino, la misma piedra, la misma pesada carga que no desaparece, por mucho que la lance lejos siempre iré a buscarla.

Me alejo, camino, lloro, viajo, me encierro, te olvido, te recuerdo, te olvido, te sufro, te extraño. ¿Será un pecado extrañarte?

Si no me saco este sentimiento que me ata a ti, nunca podre alejarme, nunca lograré apartarte de mi vida, nunca podré tomar otro camino, uno en donde no estés. Pero no puedo. Y me estoy alejando, quizás a paso de caracol. Y no quiero alejarme.

¿Dónde estás? Quiero irte a buscar, quiero verte, saludarte y no apartarme nunca. No quiero alejarme, no quiero, pero me alejo, muy lentamente, me alejo, y cada paso me duele, cada centímetro avanzando es mi corazón olvidando una parte de mi ser. Alejándome, siento que dejo algo atrás.

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